domingo, 18 de octubre de 2009

Hechos

       Un día te despiertas, bajas de la cama y te lavas los dientes, recapitulas rápidamente, ¿qué soñé?, ¿cómo amaneció?, hace frió, tengo hambre, ¡ah!, cuantas cosas hay que hacer hoy... en fin te espera un día largo. Así que procuras no olvidar ningún detalle, y casi con la habilidad de un economista nato, organizas tu tiempo. Hoy, no es que lo hayas olvidado, tampoco que hayas dejado de agradecerle a la vida, simplemente, pasa desapercibido, simplemente tienes mucho trabajo, pero nunca deja de estar presente, así que vives un día mas como cualquier otro. Porque después de haber vivido más de 8420 días, pues vivir es una costumbre, incluso esos 444 que llevas a su lado parecen tan externos, tan... "es lo de todos los días", que bueno, hoy solo es un día más.


       El universo completo esta conjeturando para con tigo. Gracias a Dios estas tan ocupado que no te es posible preocuparte y ya ni hablar de verlo venir.


       Llegó la noche, estas un poco apresurado, te despides de los que se encuentran en casa, tomas el abrigo negro que te da tanta presencia y sales de ese lugar tan caliente y acogedor, tu casa. Llegas por ella, la saludas y le das un abrazo, el mismo abrazo de hoy en la tarde, y de ayer en la noche, y antier a cualquier hora, ella lo recibe, incluso con el ánima un poco cansada de lo mismo, lo corresponde. Esperando el momento preciso, pasan los minutos hablando de su día, haciendo preguntas casi retóricas, mientras degustan el mismo cigarro apestoso y sin sabor, aun ríen es cierto, pero tampoco es relevante, porque igual que muchas cosas, esas risas quedarán en el olvido. Es momento de partir, contentos por que se disponen a disfrutar de una velada excepcional, abordan un taxi y se dirigen al lugar, también ahí hace frío. Una pantalla que proyecta vídeos musicales, es lo primero que capta su atención, de inmediato puedes ver como se inflan sus pulmones y escapa, como un reo que después de tantos días en la obscuridad, al final de escarbar secretamente durante tanto tiempo, ve un haz de luz, una placida voz que sigue la letra de esa canción. Se sirven tantos tragos que ya no es necesario contarlos, los ceniceros están tan al borde que dejan de ser de cristal, y se vuelve de madera. Has perdido el control en diferentes ocasiones desde hace varios años que ya ni siquiera atinas el vaso, el trago aquel que marca la dura frontera, entre un estado y otro.


       Abres los ojos, planeas sumar uno, para continuar tu cuenta, 8421.... pero antes de pensar en eso ya estas sintiendo tu corazón pesado, no ha dejado de expulsar sangre potentemente, como todos los días atrás, pero hay algo mas en tu pecho, vas tomando conciencia y lo ubicas, un centro oscuro, en el que hay mucho frío. Haz recobrado la razón, y marcas el número de teléfono que hasta el mismo aparato ha memorizado, inundado por un temor que parece tan externo a ti. Una voz de abuela pregunta -¿bueno?- pides con ella.
-hola ¿cómo estas?
-¿bien y tu?
-bien, bueno me desperté con un mal presentimiento-y aquí viene la pregunta que delatará cuan ebrio estabas- ¿estamos enojados?
-ja, ja, ja, y no sabes de que manera
-¿en serio?, ¿estas bien?


       Sería absurdo, citar todo el dialogo, pero bueno, estas enterado, lo jodiste todo. ¡Uh sí que divertido! tragos, mas tragos, todos queremos mas tragos, y todos bebieron mas, pero tu fuiste el único que vomito, gritó y se desconecto. Creo que nunca voy a entender de que depende, si es realmente un proceso solo biológico, o sea que corresponde propiamente al los efectos del alcohol sobre el cuerpo, con una relación donde a mayor cantidad de alcohol corresponde una menor de conciencia, si es de índole mas bien psicológica que responde a un consciente o inconsciente capaces de seguir funcionando con la grabadora apagada, para al día siguiente justificar tus hechos en el alcohol, alguna vez lo dije, 'el alcohol es la justificación para la falta de prejuicio de un cobarde' de un cobarde con miedo a ser como es y que se oculta, siendo quien no es, hasta el momento en que puede .olvidar sus prejuicios y ser quien es sin tener que dar razones, luego de todo, estaba ebrio ¿no?, o un poco de las dos. El punto es que no recuerdas nada después de haber cantado a José José. En su memoria, mayormente en su espíritu quedarán registrados tus actos, y despertaran otros que había decidido apagar.


       No importa que creas, que estabas ebrio y que ella sabe que estas enfermo, no importa si recuerdas o no, los hechos son irremediables y a partir de hoy, tu cuenta se cerrará en 444 días, tenías tantos planes, que después de este tiempo, ya hasta los habías olvidado, y ahora, cuando la línea del tiempo colapsa contra los hechos, contra una noche que tu no imaginaste, donde todo el universo termino de conjeturar, todas las decisiones que tomaste, todas las veces que te permitiste caer en el exceso, todas las veces que ebrio la maltrataste de una u otra forma, habrían de tener una consecuencia, esa consecuencia llegó.


       Crees que todo ha terminado, pero no tienes idea del dolor que sentirás, cada vez que recuerdes lo que fueron juntos. Un miércoles por la tarde, caminando sobre una acera de Insurgentes sur, te topas con alguien que te pregunta, ¿y cómo esta Gaby? pensarás que pudieron ser tan plenos. Entonces, solo entonces recuerdas a Muriel Barbery y ese primer haiku, premisa de la primer idea profunda, premisa también para la reapertura de esa herida que tu ya habías olvidado, que ya creías cicatrizada, de la cual ya no quedaba marca a flor de piel, pero que seguirá supurando dolor al interior.

"Ansío las estrellas
mas abocada
estoy a la pecera"

Pruebas fehacientes de nuestros 444

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Esta noche también.

          Una noche de tantas que he pasado pensando en ti, inmóvil en mi cama miraba tu retrato. Esa noche hacia frió, al respirar exhalaba un bao débil, blanco, podía ver por los ventanales como la neblina avanzaba, primero ligera y de pronto mas densa, no dejaba de mirarte, sentía que vivía un letargo intenso e infinito, pero ni siquiera había pasado un minuto, podía sentir el frió del exterior, el calor de mi sangre roja, paseándose dentro mió, sin hablar sin murmurar, no sentía paz ni incertidumbre, ni nada, estaba inerte casi con miedo mirándote deseándote. Por un momento con los ojos abiertos comencé a sentir como mi cuerpo subía su temperatura, el latido de mi corazón se avivaba, yo solo te seguía viendo.

          De pronto sin darme cuenta cerré los ojos, mi mente se desprendió de mi cuerpo, estaba en un día soleado muy caluroso, tirado en una cama que no era la mía, respirando fuerte grotesco, bramaba. Hay te vi, sobre mi, desnuda y erguida, imponente, con ese cuerpo protegido por una capa impermeable de arroz molido, molido muy fino, cuando se raspaban nuestros cuerpos, se desmoronaba se colaba por cada uno de mis poros, entraba por mis piernas tensas por mi abdomen contraído, sentía como me llenaba de ti tu piel blanca invadía despiadadamente mi piel acanelada, pero mi piel no oponía resistencia mas bien te adoptaba serenamente, los bellos en mis piernas como en un acto de respeto te acariciaban. Yo sentí tu calor en mi carne y mi carne dentro de la tuya, vi tu cuerpo completo, emanando tu aroma, ese aroma que cuando me dejes, me impedirá olvidarte y desear a alguien mas, era penetrante como siempre, rápidamente se volvió tan intenso, que lo supe, estabas apunto de explotar, una unidad de tiempo mas pequeña que todas las que ha definido el hombre, pude lamer el turquesa que salía de tu boca, perturbo todo, todo mi ser, me hizo estremecerme y por fin lo vi, vi tu grito ensordecedor, grosero, tanto que apago el ruido de la ciudad mas grande, ese grito que llega justo cuando nos sube la temperatura hasta fundir nuestros cuerpos de hierro, en un solo fluido, liviano y sabroso.
         
          Tres nudillos y un dedo contra una puerta de hierro, desequilibraron mi estado, abrí los ojos, estaba bañado en sudor, en tu aroma y en tu arroz, supe que ya había pasado, no supe cuando volvería a pasar, es mas, no sé si volverá a pasar, la habitación obscura, fría, y llena de soledad, me hacen entristecer, pero no pierdo la esperanza, la esperanza turquesa que sin querer dejaste escapar y yo guarde en mi ser. Ahora lo sé, mi memoria con sus recuerdos, me darán las noches que tuvimos, cada vez, que a lo lejos, te conectes con migo para hacer el amor.

Te extraño sirena.