Una noche de tantas que he pasado pensando en ti, inmóvil en mi cama miraba tu retrato. Esa noche hacia frió, al respirar exhalaba un bao débil, blanco, podía ver por los ventanales como la neblina avanzaba, primero ligera y de pronto mas densa, no dejaba de mirarte, sentía que vivía un letargo intenso e infinito, pero ni siquiera había pasado un minuto, podía sentir el frió del exterior, el calor de mi sangre roja, paseándose dentro mió, sin hablar sin murmurar, no sentía paz ni incertidumbre, ni nada, estaba inerte casi con miedo mirándote deseándote. Por un momento con los ojos abiertos comencé a sentir como mi cuerpo subía su temperatura, el latido de mi corazón se avivaba, yo solo te seguía viendo.
De pronto sin darme cuenta cerré los ojos, mi mente se desprendió de mi cuerpo, estaba en un día soleado muy caluroso, tirado en una cama que no era la mía, respirando fuerte grotesco, bramaba. Hay te vi, sobre mi, desnuda y erguida, imponente, con ese cuerpo protegido por una capa impermeable de arroz molido, molido muy fino, cuando se raspaban nuestros cuerpos, se desmoronaba se colaba por cada uno de mis poros, entraba por mis piernas tensas por mi abdomen contraído, sentía como me llenaba de ti tu piel blanca invadía despiadadamente mi piel acanelada, pero mi piel no oponía resistencia mas bien te adoptaba serenamente, los bellos en mis piernas como en un acto de respeto te acariciaban. Yo sentí tu calor en mi carne y mi carne dentro de la tuya, vi tu cuerpo completo, emanando tu aroma, ese aroma que cuando me dejes, me impedirá olvidarte y desear a alguien mas, era penetrante como siempre, rápidamente se volvió tan intenso, que lo supe, estabas apunto de explotar, una unidad de tiempo mas pequeña que todas las que ha definido el hombre, pude lamer el turquesa que salía de tu boca, perturbo todo, todo mi ser, me hizo estremecerme y por fin lo vi, vi tu grito ensordecedor, grosero, tanto que apago el ruido de la ciudad mas grande, ese grito que llega justo cuando nos sube la temperatura hasta fundir nuestros cuerpos de hierro, en un solo fluido, liviano y sabroso.
Tres nudillos y un dedo contra una puerta de hierro, desequilibraron mi estado, abrí los ojos, estaba bañado en sudor, en tu aroma y en tu arroz, supe que ya había pasado, no supe cuando volvería a pasar, es mas, no sé si volverá a pasar, la habitación obscura, fría, y llena de soledad, me hacen entristecer, pero no pierdo la esperanza, la esperanza turquesa que sin querer dejaste escapar y yo guarde en mi ser. Ahora lo sé, mi memoria con sus recuerdos, me darán las noches que tuvimos, cada vez, que a lo lejos, te conectes con migo para hacer el amor.
Te extraño sirena.

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